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La obsesión migratoria de Europa explicada

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El historiador Eric Hobsbawm argumentó que la política antiinmigrantes llena un vacío en la identidad europea, definiendo grupos por quién queda excluido. Esto resuena hoy mientras la inmigración domina el discurso en las capitales europeas después de que decenas de miles cruzaran al enclave español de Ceuta. El primer ministro Pedro Sánchez de España enfrenta presión por el aumento, mientras los líderes critican las generosas políticas de España y prometen fronteras más estrictas.

Sin embargo, la ansiedad supera la realidad objetiva; la migración se ha convertido en un prisma para un descontento más amplio. Figuras de extrema derecha como Geert Wilders culpan a los extranjeros por la crisis de vivienda y la deuda, mientras que la coalición de la canciller Friedrich Merz en Alemania vincula a los recién llegados con la decadencia urbana. Las verificaciones de datos que señalan los efectos ambiguos de la inmigración o la necesidad de trabajadores en Europa pasan por alto el punto: el apoyo de extrema derecha es más fuerte en áreas con pocos inmigrantes, como Sajonia-Anhalt, donde Alternativa para Alemania ganó por aplastante mayoría.

La migración sirve como heurística para crisis superpuestas. Las presiones externas profundizan esta dinámica. Hobsbawm previó en la década de 1990 que la desigualdad global —Europa rodeada de poblaciones jóvenes y pobres— impulsaría la política durante décadas.

Aunque la desigualdad global cayó técnicamente, en gran parte debido a China, la brecha de nivel de vida entre Occidente y el resto sigue siendo vasta, asegurando que estas tensiones persistan.