El senador republicano Chuck Grassley ha instado al presidente Donald Trump a prohibir las exportaciones de diésel estadounidenses para reducir los precios máximos récord que lastigan a los agricultores, dibujando paralelos con el embargo de soja de Richard Nixon de 1973. Sin embargo, el precedente histórico ofrece una lección de precaución: la prohibición de Nixon suprimió brevemente los precios pero dañó la reputación de Estados Unidos como proveedor confiable de commodities. El embargo de 1973 impulsó a Japón a invertir intensamente en la producción de soja brasileña, transformando a Brasil en el principal exportador del mundo.
Hoy, con China como comprador principal de soja, la guerra comercial de Trump ya ha impulsado las compras en América Latina, excluyendo los cultivos estadounidenses de los recientes acuerdos de reducción de aranceles de 30 mil millones de dólares. Mientras que los funcionarios de la Casa Blanca argumentan que una prohibición de diésel difiere debido al dominio estadounidense de combustibles fósiles y las rutas de suministro del Estrecho de Ormuz, la administración ha discutido prohibiciones de exportación e instado a Europa a acceder a las reservas. Mientras tanto, los directivos no estadounidenses en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York destacaron planes para diversificarse de los combustibles fósiles hacia energía renovable, sugiriendo que un embargo de diésel podría acelerar la transición lejos de los suministros energéticos tradicionales en lugar de simplemente reducir los costos para los consumidores.
Fuente: Financial Times Companies · Resumido por HeadlinesBriefing