La economía de Arabia Saudita enfrenta una presión creciente tras los ataques mortales contra su principal aeropuerto. La violencia, atribuida a la milicia hutí de Yemen, respaldada por Irán, dejó al menos 14 muertos y tuvo como objetivo infraestructuras clave, entre ellas una instalación de Aramco.
A pesar de los ataques, funcionarios saudíes, entre ellos el ministro de Energía, el príncipe Abdulaziz bin Salman, prometieron mantener la seguridad energética y seguir adelante con los grandes eventos. El Congreso Mundial del Petróleo se inauguró según lo previsto, y la conferencia del Future Investment Initiative Institute, conocida como el "Davos del Desierto", se celebrará con seguridad reforzada. Se espera que asistan altos directivos, entre ellos Jamie Dimon de JPMorgan Chase y Larry Fink de BlackRock.
Sin embargo, la violencia amenaza la visión del príncipe heredero Mohammed bin Salman de convertir al país en un centro de negocios y turismo. Los ataques se producen mientras la coalición militar intercepta misiles y drones y promete una respuesta decisiva.
En medio de la incertidumbre geopolítica, persisten las dudas sobre el apoyo de Estados Unidos a Arabia Saudita y el posible impacto en los mercados mundiales, que ya lidian con las ventas de diésel ruso y con las investigaciones antimonopolio sobre la cobertura mediática. El Departamento de Justicia investiga a cinco cadenas por presuntas infracciones antimonopolio relacionadas con las restricciones de cobertura de la Casa Blanca.
Fuente: New York Times Business · Resumido por HeadlinesBriefing